Podríamos empezar por ser conscientes de nuestra nada. De que nada somos, conocemos
o sabemos. Y es que nada del saber puramente intelectual nos es del todo necesario ahora,
en estos momentos, en esta época, si lo que anhelamos es subir por ese imaginario escalón
vibratorio del despertar de la consciencia.
Ignoremos, de alguna forma, pensamientos que puedan inducir a un afincamiento de la
personalidad, a un reforzamiento del yo tridimensional, porque de algún modo estaremos
dando alimento al ego. Esa masa egoica añadida a nuestra psicología, y que desvirtúa el
pensamiento consciente y objetivo.
se está generando y que ya es evidente a escala planetaria, una transformación profunda
de sus estructuras mentales. Y mientras estas se apoyen únicamente en digamos
muletas de pura intelectualidad, el avance va a resultarle muy difícil.
Está bien que dispongamos de un vasto conocimiento sobre determinadas materias:
matemáticas, física, química, biología… pero todo ello no es suficiente para el próximo
matemáticas, física, química, biología… pero todo ello no es suficiente para el próximo
salto evolutivo. Todo lo que alcanza nuestro entendimiento, que podemos tocar, oír, ver;
todo lo físico y perenne, en cierto modo es relativo y por lo tanto ilusorio, maya. La realidad
verdadera se encuentra en lo que aparentemente no existe, en lo “invisible” que no se ve y
siente, y es porque está más allá de nuestros cinco sentidos.
Trascendiendo mentalmente este espacio ilusorio, hallaremos la Nada. Pero, ¡oh paradoja!,
en esa Nada recrearemos nuestra realidad. Una realidad en un movimiento continuo,
rico en procesos mentales sublimes.